Si lo de “colonizar Marte” va en serio y lo de convertirnos en una especie interplanetaria deja de ser una cuestión de marketing, hay muchísimas incógnitas que tenemos que empezar a poner encima de la mesa. Entre ellas, por supuesto, el sexo. Y, aunque no lo reconoce, la NASA lo sabe y ya ha empezado a tomárselo en serio. Hay muchas formas de sexo, es cierto; pero muchas de ellas van a tener el mismo problema: las erecciones. O, mejor dicho, la falta de erecciones.


La microgravedad es, indiscutiblemente, un problema. Al fin y al cabo, la evolución biológica lleva miles de millones de años luchando y adaptándose a la gravedad. También lo han aprovechado a favor. Nuestro sistema circulatorio, por ejemplo, está diseñado para redistribuir los fluidos en un medio de gravedad estándar. Sin esa ayuda gravitacional, la distribución de la sangre se vuelve más fácil, el corazón tiene menos líquido que bombear y la presión sanguínea disminuye. Algo que traducido resulta, efectivamente, que al menos en el plano teórico las erecciones se vuelven más difíciles de conseguir

Pero la cosa no queda ahí. Nuestro sistema circulatorio está diseñado para redistribuir los fluidos en un medio de gravedad estándar. Sin esos problemas, la distribución es más fácil, el corazón tiene menos sangre que bombear y la presión sanguínea disminuye. La sangre se distribuye equitativamente y, eso suele significar, más sangre en la parte de arriba del cuerpo. La consecuencia más directa es que (en términos generales) las erecciones se vuelven algo más difíciles de conseguir. Es más, en condiciones de microgravedad no hay que descartar que el tamaño del pene se reduzca.

Espera, ¿qué? Sí, es cierto. En general, los astronautas tienden a crecer en el espacio, pero eso se debe al efecto de la gravedad cero en la columna vertebral. El pene, en cambio, es una estructura articulada sobre la base de tejidos y sangre: la disminución de la presión en la parte de abajo del cuerpo juega en su contra. El efecto no será muy grande, pero es algo que hay que tener en cuenta.

Perforar kriptonita. No obstante, no me atrevo a ser muy tajante en esto. En 2014, el exastronauta Mike Mullane comentó en Men’s Health que “la distribución equitativa de la sangre por todo el cuerpo” hizo que varias mañanas se levantara con algo capaz de “perforar kriptonita” (sic). Hace unos años, mientras indagaba sobre cómo practicar sexo en el espacio, Mary Roach entrevistó a un cosmonauta ruso y le preguntó por las dificultades que debía tener los astronautas para “gestionar” ese tipo de necesidades fisiológicas. “A mano” fue toda su respuesta dando a entender que, en efecto, las erecciones se daban. El tema necesita prestarle más atención.

Pero esto son solo algunos problemas A los problemas de presión sanguínea hay que añadir algunas otras cosas. La más importante, el hecho de que los niveles de testosterona se desplomen en el espacio. No tenemos muy claro por qué, la verdad y los científicos especulan sobre una combinación de factores derivada, precisamente, del desajuste hormonal, físico, alimentario y de sueño al que los astronautas someten a sus cuerpos. Tampoco tenemos claro qué pasa a largo plazo o en misiones interplanetarias (que es cuando, quizás, tendría más sentido usarlo).

El pene en el espacio, ese gran desconocido. Como decía el físico John Millis, lo más probable es que la NASA (y otras agencias espaciales) tengan datos sobre este tema, lamentablemente no han creído conveniente hacerlos públicos. Ese es el verdadero problema: tradicionalmente las agencias espaciales han considerado que cualquier cosa relacionada con el sexo iban a ser recibidas como una frivolidad. Eso está a punto de cambiar, parece. Y menos mal: no podemos querer abordar la conquista del espacio, obviando dimensiones tan importantes de la vida humana.

Imagen | Blue Origin


La noticia

Antes de colonizar otros planetas, la humanidad debe resolver un problema: las erecciones en el espacio

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Javier Jiménez

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