En los albores del programa espacial estadounidense, los astronautas tenían un menú bastante limitado para alimentarse. Bocaditos en forma de cubo y alimentos en polvo liofilizados y semilíquidos que debían se exprimidos de tubos de aluminio como los del dentífrico. Estas opciones no solo resultaban poco apetecibles, sino que también eran difíciles de rehidratar, por lo que la NASA recibió varias quejas por parte de los tripulantes de misiones.

El astronauta John W. Young, piloto de la misión Gemini III, decidió tomar una camino diferente. ¿Para qué limitarse a comer la comida aprobada por la NASA si podía llevar la que más le gustara? Bueno… podía pero a escondidas, porque la agencia espacial prohibía subir cualquier cosa no declarada. En este caso, y ante las normas tan restrictivas, llevó un sándwich de carne curada de contrabando, cuenta el Museo Nacional del Aire y el Espacio.

Un sándwich de carne en el espacio

Era el 23 de marzo de 1965 y John Young estaba listo para partir al espacio con la misión Gemini III, que era la primera en llevar dos personas a la órbita terrestre y uno de sus objetivos era hacer investigaciones médicas sobre la alimentación durante el vuelo. Sin embargo poco antes de subir a la nave, el astronauta guardó en el bolsillo de su traje espacial un sándwich de carne curada que había sido comprado hace dos días atrás por el astronauta Wally Schirra en una tienda en Florida.

Unas dos horas después del despegue, Young sorprendió a Grissom con un inesperado obsequio. Sacó del bolsillo de su traje el sándwich de carne curada y le ofreció un poco. El compañero de misión aceptó el obsequio, pero el intercambio duró menos de un minuto. Los astronautas no terminaron de comer el sándwich y Grissom guardó lo que había quedado en el bolsillo de su traje, con el objetivo de evitar que las migas quedaran flotando por la condición de microgravedad.

Sin embargo, el intercambio no quedó en secreto. El equipo de control de misión de NASA se enteró del contrabando y no tardó en alarmarse. Los astronautas habían puesto en riesgo Gemini III por varios motivos: uno eran las migas, que podían meterse detrás de los paneles de instrumentos y generar problemas eléctricos, además, por la falta de gravedad, estas también podían impactar en ojos de los astronautas y causarles daños.

Otro problema era que, como se menciona arriba, uno de los objetivos de la misión era realizar investigaciones de “biología espacial” que incluían evaluar la alimentación de los tripulantes en el vuelo. Como parte de estos estudios, Young debía alimentarse con comida espacial específicamente autorizada por la NASA y Grimson no debía comer nada, porque de lo contrario se alterarían los resultados finales del experimento.

El contrabando del sándwich fue más allá de la NASA. Algunos congresistas mostraron su indignación ante tal hecho, dado los costes millonarios de las misiones espaciales. En una revisión por parte del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, en la que se llamó a testificar al administrador de aquel entonces, James Webb, fue denominado por uno de los miembros como “el sándwich de los 30 millones”.

Young dijo más tarde que se había prestado demasiada atención al episodio y que se había dejado de lado el éxito del principal objetivo de la misión, que era probar las capacidades de maniobrabilidad de la nave y un sistema que había sido diseñado para la misión cancelada Mercury-Atlas 10, en el que se inyectaba agua en la cubierta de plasma que rodeaba la cápsula durante el reingreso. En cualquier caso, en el Grissom Memorial Museum, en Indiana, se exhibe un sándwich de carne curada que recuerda ese momento.

Más información | NASA


La noticia

Aquella vez en la que un sándwich casi hizo saltar por los aires la misión Gemini III de la NASA

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Javier Marquez

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