Si te paseas por los Países Bajos es probable que escuches un chascarrillo que quizás indigne a algunos, pero desde luego no anda desencaminado: “El mundo fue creado por Dios, pero Holanda la han creado los holandeses”. Y lo cierto es que no les falta razón. No en un sentido lírico o simbólico. No. Literalmente, hay una parte importante del país que sus habitantes crearon a base de drenar agua. Para lograrlo echaron manos de diques y pólderes, terrenos ganados al mar.

Para sostener semejante afirmación sobre el origen de su país, los holandeses manejan un argumento aplastante que incluso cuenta con el certificado oficial del Guiness World Records. La nación acoge la isla artificial más grande del mundo, Flevopolder, una extensión de 970 kilómetros cuadrados, rodeada por los lagos Gooimeer, Ketelmeer y Veluwemeer y conectada al continente a través de infraestructuras como puentes, el túnel Drontermeertunnel o un dique.

Básicamente, Flevopolder es un enorme pólder, una superficie ganada al Mar del Norte y que destaca por su situación, en pleno litoral, y su bajo nivel. Para darles forma se emplean sobre todo diques y drenajes. En el caso de la isla reconocida por el Guiness World Records la extensión de terreno está sin embargo bordeada de agua para evitar problemas con el nivel freático.

Ganarle terreno al agua

El enorme terreno forma parte de Flevoland, una provincia situada en el centro del país, en la que residen alrededor de 400.000 personas y que es además la demarcación de su categoría más joven de Países Bajos. Se creó hace menos de 40 años, en enero de 1986. Su historia ayuda a entender la de la isla. Como explican en el canal Why On Earth, con los siglos los holandeses se han hecho con conocimientos profundos sobre ingeniería y gestión del agua con un propósito claro: “Mantener sus pies secos”. Y, de paso, dotarse de extensiones de terreno en las que habitar o cultivar.

Ya en el XVII los ingenieros hidráulicos del país estudiaron las oportunidades y amenazas que representaba el Zuiderzee, una bahía poco profunda del Mar del Norte, y uno de sus nombres más destacados, Hendric Stevin, propuso incluso “domesticarlo”. La financiación y los recursos técnicos que no había entonces sí estaban disponibles en el XIX e inicios del XX, cuando, animados por una inundación registrada en 1916, las autoridades decidieron ganar terreno al mar.

Para lograrlo se aprovecharon de la escasa profundidad del Zuiderzee y construyeron un dique (Afsluitdijk) de cierre de gran tamaño, que terminaron a principios de la década de 1930. Como parte de sus esfuerzos los ingenieros construyeron otras infraestructuras clave y el lago IJseelmeer. En los años 30 los holandeses tenían ya el Wieringermeer Polder, la primera extensión de terreno que se recuperó del mar. No mucho después, en la década de los 40 estaba, el de Noordoostpolder.

El Flevopolder —abunda Why On Earth— se construyeron en dos fases a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. Tras la Segunda Guerra Mundial los trabajos dejaron el Felvopolder oriental (1957) y ya a finales de los 60, en 1968, el Flevopolder meridional. El resultado es, aún hoy, la isla artificial más grande del mundo. Tanto, de hecho, que está a mucha distancia de lYas Island o el aeropuerto internacional de Kansai, en Japón, de casi 11 km2. Durante los últimos años se han puesto en marcha otros proyectos notables, como el de Palm Deira, en Dubái.

Imágenes | Copernicus Sentinel-2 (ESA)


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Así es Flevopolder, la isla artificial más grande del mundo: de casi 1.000 km2 y fruto de la ingeniería de Países Bajos

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Carlos Prego

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