Tan acostumbrados estamos a ellos, a estudiarlos en la escuela y a consultarlos cuando necesitamos ubicar una cordillera o isla remota, que ya no nos cuestionamos cómo funcionan; pero… ¿Te has preguntado alguna vez por qué los mapas físicos son así y no de otra forma? ¿A qué vienen esos colores? ¿Con qué criterio se distribuyen? ¿Y cómo se las apañan sus creadores para captar, en un mismo mapamundi, un plano tamaño Din A4, la brutal escala de altitudes que va de los 10,9 kilómetros de profundidad del Abismo de Challenger a los 8,8 km de altura del Everest?

El programador Drew Roos se ha planteado todas esas cuestiones y alguna más. Y gracias a sus preguntas y conocimientos de informática y diseño ha elaborado un mapa que, asegura, corrige muchos de los “puntos débiles” de los planos hipsométricos convencionales, aquellos que representan el relieve y los cambios de altitud del terreno jugando con los colores.

Una enorme “mancha de aceite”

El resultado es Oilslick, término que alude a una mancha de aceite o petróleo. No se trata de una metáfora o un ramalazo poético de Drew Roos. No. El mapa, efectivamente, recuerda a un enorme manchurrón multicolor de gasóleo extendiéndose sobre una balsa de agua. Solo que en en Oilslick cada cambio de tonalidad, cada ramificación, se corresponde con una fluctuación en la altitud del terreno. El efecto es sorprendente, con imágenes de una apariencia casi “orgánica”.

¿Qué busca exactamente Roos? Básicamente, corregir las flaqueza de los mapas físicos.

Habitualmente los planos hipsométricos utilizan muy pocos colores, lo que los limita a la hora de captar los cambios sutiles y graduales en la elevación del terreno. Para compensarlo y, sobre todo, resaltar los detalles en las regiones costeras es habitual que quienes los diseñan “sesguen” las paletas. El problema: así se pierde precisión en las regiones más elevadas, como las cordilleras. En ocasiones, para paliarlo, los autores sombrean los relieves más altos; pero esa solución no es perfecta y complica, por ejemplo, apreciar si un pico es más elevado que otro.

Para rematar la faena, añade Roos, casi todos los mapas hipsométricos están trazados con “la misma maldita paleta de colores”, que va del verde al marrón tostado, el rojo y el blanco. ¿Maldita por qué? Pues porque puede —y esta es otra de esas idea que solemos pasar por alto a fuerza de ver los planos físicos repetidos una y otra vez— dar pie a confusiones. “La paleta fomenta suposiciones infundadas sobre la cobertura del suelo. El espectador ve el verde y piensa en ‘bosque’, cuando en realidad una zona baja puede ser un desierto. El color tostado de las zonas más altas sugiere llanuras áridas, pero también podría ser un bosque”, reflexiona.

Vista general de la Península Ibérica.

La Gomera y Tenerife.

Desembocadura del Guadalquivir.

Submeseta Norte.

Los Pirineos, el curso del Ebro y costa catalana.

Con el fin de atajar todos esas “flaquezas” Oilslick busca maximizar el contraste en las pequeñas diferencias de elevación, mantener un equilibrio entre rangos de altitud, sin favorecer a ninguno en concreto, y facilitar las comparaciones en superficies reducidas e incluso entre distancias amplias. “Cada valor de elevación tiene un color único y distintivo”, precisa. En cuanto a las confusiones con los colores, Roos recalca que su mapa “rompe conscientemente” con el estándar actual.

“El mapa explota en detalles de una manera que me recuerda a los viejos renders fractales que solía hacer cuando tenía 15 años”, bromea Roos. Para lograr su aspecto “aceitoso”, Oilslick juega sobre todo con la luminosidad y el rango dinámico. “El tono avanza más lentamente con la elevación. El matiz realiza un ciclo completo, pasando por todos los colores del arco iris, en todo el rango de elevación de la Tierra —9.275 m entre el Mar Muerto y el Monte Everest, redondeado a 9.500 o 19 ciclos de luminosidad—. Por lo tanto, cada ciclo es un color ligeramente diferente del anterior”, comenta el programador, que ha centrado su trabajo en los continentes.

Groenlandia.

Cauce del Amazonas en el mapa de Roos.

Costa africana frente a Cabo Verde.

Los Andes y parte de la costa sudamericana.

Dinamarca y parte de Suecia.

Costa francesa.

En el diseño ha jugado con ciclos en zig zag y la intensidad de los colores. En las regiones ascendentes emplea tonos saturados y en las descendentes aplica la lógica opuesta, maniobrando con la degradación. “Cuando los colores se oscurecen, si están saturados significa que bajan; mientras que si están desaturados significa que suben”, precisa. Su trabajo se basa en el sistema de color Munsell y ofrece una resolución de datos de 3″/90m y hasta un nivel de zoom 11.

Roos reconoce que al prescindir de los sombreados “es fácil perder el panorama general” y no apreciar a simple vista los grandes accidentes geográficos. Comprender bien el mapa requiere tiempo y paciencia; pero eso no quita que su efecto global sea fascinante. “Estoy muy satisfecho. El mapa es exuberante, hermoso y un poco alucinante”, reconoce.

Oilslick también demuestra, desde luego, que un mapa puede ser toda una obra de arte.

Imágenes | Mrgris.com


La noticia

Casi todos los mapas representan mal los accidentes montañosos. Esta “mancha de aceite” aspira a arreglarlo

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Carlos Prego

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