Durante la Guerra Fría surgieron algunos de los inventos militares y tecnológicos más ambiciosos y extremos de la historia. Por aquel entones, Estados Unidos —y la Unión Soviética por su parte— creía que era buena idea tener bombarderos estratégicos propulsados por energía atómica. Fue así que para dar vida a ese proyecto se desarrolló el Convair NB-36H, una avión que surcó los cielos con un rector nuclear en su interior.

El desarrollo de una aeronave con esas características puede resultar algo extraño el día de hoy, pero en las décadas de 1940 y 1950, en esta última sobre todo, existía cierta obsesión por la energía atómica. Los reactores aparecían en plantas para la generación de energía eléctrica, submarinos y coches como el Ford Nucleón. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos no era ajena a esa realidad, por lo que en 1947 puso en marcha el programa Propulsión Nuclear de Aeronaves (ANP, por sus siglas en inglés).

El desafiante proyecto del primer avión nuclear

Los ingenieros a cargo del proyecto tenían una serie de enormes desafío en sus manos. Estos comprendían desde cómo evitar que la radiación afectara la salud de la tripulación de la aeronave, hasta evaluar el rendimiento de los materiales utilizados, el desarrollo de la aviónica, y el sistema de transferencia. Una de las preocupaciones más grandes del equipo era, precisamente, hacer funcionar los motores tradicionales de un avión con energía nuclear de forma segura y eficaz.

El primer paso concreto era elegir una configuración de impulso. Para ello se probaron y evaluaron diferentes alternativas, que incluían reactores duales, combinados con propulsión por combustible de avión y sistemas únicos. Finalmente se decidió que un solo reactor sería suficiente para brindar la fiabilidad necesaria para los vuelos. Después se experimentó con tres tipos de reactores, conocidos como HTRE-1, HTRE-2 y HTRE-3, y se terminó eligiendo este último por su menor complejidad de construcción.

HTRE-3 constaba de una configuración de ciclo directo. El aire ingresaba al motor a través del compresor el turborreactor y pasaba a un sistema que lo dirigía hacia el núcleo del reactor. El aire, que actuaba como refrigerante, continuaba su camino por la turbina del motor y finalmente hacia un tubo de escape. Con este método, el avión comenzaría impulsándose con combustible tradicional de avión y luego, cuando el núcleo alcanzara la temperatura ideal, empezaría a usar el reactor nuclear.

Superados los mencionados desafíos, el equipo se enfocó en desarrollar el sistema de protección para la tripulación y la aviónica. Una propuesta inicial consideraba cubrir al reactor de una importante capa de cadmio, cera de parafina, óxido de berilio y acero. Pero este enfoque resultó ser ineficaz y adoptaron un novedoso método que consistía en distribuir el blindaje entre la cabina y el rector, que además de ser muy efectivo reducía significativamente el peso.

Más tarde llegó el turno de encontrar una aeronave para probar la configuración de reactor que había sido desarrollada. En medio de esta tarea, la Base de la Fuerza Aérea de Carswell, en Texas, fue golpeada por un tornado que dañó severamente varios de sus aviones. Entre ellos se encontraba un bombardero Peacemaker B-36. Convair convenció a las autoridades de que ese modelo dañado debía recuperarse y convertirse en el primer prototipo del avión nuclear.

La compañía tuvo éxito en su pedido y el avión fue cedido para las pruebas. Aunque se trataba de un diseño de 1947, las características del Peacemaker son impresionantes hasta el día de hoy. Tenía 70 m de envergadura, una longitud de 50 m, una altura de 14,2 m y una superficie alar de 443 m². Además podía soportar un peso máximo de despegue de 185.973 kg, una ventaja que lo convertía en ideal para albergar sin problemas un pesado reactor nuclear con su correspondiente blindaje.

El proceso de transformación

En la fase de conversión, la cabina original de la aeronave fue reemplazada por una estructura de 11 toneladas completamente blindada. También se eliminó todo el sistema de transporte y lanzamiento de bombas (si el proyecto triunfaba debería ser reubicado) y fue reemplazado por un reactor nuclear refrigerado por aire de un megavatio, cuyo peso era de 16.000 kg. El sistema de impulso original, Pratt & Whitney R4360-53 + General Electric J47-19, se reemplazó por un General Electric J47 + cuatro turborreactores.

Tras las mencionadas modificaciones, el Peacemaker B-36 pasó a denominarse oficialmente Convair NB-36H, también conocido como “The Crusader”. Entre el verano de 1955 y 1957, la aeronave realizó 47 vuelos de prueba, muchos de ellos con el reactor R-1 encendido, pero no con el objetivo de alimentar a los motores, sino como una forma de probar y recopilar datos sobre la viabilidad del proyecto. Los informes arrojaron que el blindaje era seguro, pero, en caso de accidente, existía riego de contaminación radioactiva.

A pesar de que la mayoría de las pruebas fueron positivas, poco después de su último vuelo de prueba, el NB-36H fue dado de bajo y su reactor nuclear fue removido. Por aquel entonces, con la Guerra Fría en marcha, el gobierno de Estados Unidos decidió suspender el proyecto y centrarse en bombarderos con motores a reacción convencional. En marzo de 1961, John F. Kennedy sepultó el programa. Ese mismo año, la URSS inicio su programa experimental de aviones nucleares con el Tupolev Tu-95LAL.

No obstante, como señala un documento del Congreso de Estados Unidos, los avances tecnológicos obtenidos en el proyecto del avión nuclear no fueron en vano. Estos se convirtieron en las bases para la investigación y el desarrollo de reactores nucleares utilizados por la NASA.

Imágenes | Wikimedia Commons | USAF


La noticia

Convair NB-36H, el enorme bombardero estratégico que volaba con un reactor nuclear

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Javier Marquez

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