Maniobra de la cúpula de Twitter para complicar que Elon Musk se haga con las riendas de la red social. El consejo de administración de la compañía ha decidido echar mano de uno de los recursos que tiene a su alcance para obstaculizar los planes del multimillonario, que este mismo jueves ofreció a los inversores comprar el cien por cien la empresa a cambio de 43.000 millones de dólares.

El recurso legal activado por la directiva se conoce como poison pill, o píldora venenosa, y es una estrategia habitual cuando un consejo de administración quiere actuar ante una OPA hostil.

La maniobra complica que Musk pueda acumular una participación superior al 15% de la firma. ¿Cómo? De una forma tan sencilla como, en apariencia, eficaz: vendiendo más participaciones a otros accionistas a cambio de un precio más competitivo, lo que en la práctica resta atractivo a operaciones como la que intenta sacar adelante ahora el directivo de Tesla y SpaceX.

Una “píldora venenosa”

La poison pill, un recurso habitual en EEUU desde la década de los 80, tiene además otra ventaja para la cúpula de Twitter: le ofrece un margen de tiempo notable para definir su postura. La medida se activa durante un año, con lo que tendrá efectos hasta mediados de abril de 2023.

A través de una carta publicada el jueves en la SEC (Securities and Exchange Commission) de Estados Unidos, Musk ofreció a los inversores hacerse con sus participaciones de Twitter por 54,20 dólares por acción, un 38% más de lo que valían las acciones en el momento en el que el millonario hizo pública su oferta, pero lejos de los alrededor de 70 dólares que llegaron a valer los títulos de Twitter hace un año escaso. “Es mi mejor y última oferta y, si no se acepta, tendría que reconsiderar mi posición como accionista”, advertía el directivo poco después de lanzar su propuesta.

If the current Twitter board takes actions contrary to shareholder interests, they would be breaching their fiduciary duty.

The liability they would thereby assume would be titanic in scale.

— Elon Musk (@elonmusk) April 14, 2022

La decisión del consejo de administración de la compañía no ha sorprendido probablemente a Musk. El jueves, el mismo día en que puso su oferta sobre la mesa, el magnate advertía ya a través de su perfil en la red social sobre un posible posicionamiento negativo de la cúpula, y concluía: “Si la junta actual toma medidas contrarias a los intereses de los accionistas estaría incumpliendo su deber fiduciario. La responsabilidad que asumirían sería de una escala titánica”.

El consejo de administración de Twitter no es el único sin embargo que se ha manifestado tras el movimiento de Musk. Uno de los grandes accionistas de la red social, el príncipe saudí Alwaleed bin Talal, propietario de cerca del 5% del capital, ha mostrado ya sus dudas sobre el atractivo de la operación. “La cantidad no se acerca al valor intrínseco que tiene la plataforma”, señaló.

A día de hoy Musk es ya el mayor accionista de Twitter, con una participación total del 9,2% que se reveló hace solo unos días y por la que pagó 2.890 millones. Los responsables de la firma le ofrecían poco después que se incorporase al consejo de dirección, puesto que el multimillonario rechazó. Si se hubiese sumado al órgano habría tenido que aceptar ciertas restricciones, como las obligaciones fiduciarias o —y esa ha podido ser la clave— no hacerse con más del 14,9% de las acciones.

Musk podría no ser el único que ha mostrado su interés por Twitter en las últimas horas. Reuters avanza que la firma de capital privado Thoma Bravo, especializada en el sector tecnológico y que a finales de diciembre gestionaba más de 103.000 millones de dólares en activos, ha trasladado a la red social que está explorando la posibilidad de presentar una oferta. De momento, eso sí, no ha trascendido qué cantidad estaría dispuesta a pagar o si ha decidido ya materializar su propuesta.

Imagen | James Duncan Davidson


La noticia

La junta directiva de Twitter tiene un plan para evitar que Elon Musk se haga con la empresa

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Carlos Prego

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