Lo ha comentado Cameron Johnson, director de innovación de producto de Netflix, con motivo del quinto aniversario de la implementación del famoso botón de ‘Omitir Introducción’ que aparece en todos los títulos de crédito iniciales de las películas y series de la plataforma: “en un día normal de Netflix, el botón “Saltar introducción” se pulsa 136 millones de veces, lo que supone un ahorro de tiempo acumulado de 195 años”. Mucho tiempo saltándose créditos.

Ahorrando tiempo y esfuerzo. La implementación del botón, según Johnson, tuvo su origen en la voluntad de ahorrar tiempo a los usuarios: “hace seis años, sólo era un atisbo de idea. Investigamos y descubrimos que en un 15% de las ocasiones los afiliados avanzaban manualmente la serie en los primeros cinco minutos. Esto nos hizo pensar que mucha gente quería saltarse la introducción”. Y optimizaron la función: “en lugar de construir algo para necesidades diferentes, como un botón de salto de 10 segundos, diseñamos una solución de propósito único que hiciera una sola cosa realmente bien”.

Todo el mundo quiere su botón. El éxito del botón de Saltar introducción tuvo unos cuantos efectos colaterales. El primero de ellos es que prácticamente todas las plataformas han acabado teniendo el suyo. HBO y Disney+, las dos competidoras principales de Netflix, lo tienen (así como otras no tan extendidas como Apple TV+), del mismo modo que casi todas tienen en gran medida la opción de pasar al siguiente episodio de la serie durante los créditos finales. En algunos casos mejor implementada, y dejando tiempo suficiente para pensar si queremos ver otro episodio o incluso (locura) quedarse a ver los créditos, en otros casos peor y obligando al espectador a pasar al siguiente episodio sí o sí.

El fin de los créditos. Otro efecto lateral, este quizás más ambiguo y de alcance más amplio, es que el botón de ‘Saltar introducción’ ha acabado desterrando los títulos de crédito elaborados en el cine, pero sobre todo en las series. Es cierto que desde los años noventa, los créditos fueron trasladados al final del metraje, se dice que debido a una encuesta sobre el tema que encargó el mismísimo Spielberg.

Desde entonces, los créditos se han sofisticado más o menos, con dos tendencias compatibles: cineastas como Christopher Nolan eliminan todo rastro de los créditos iniciales, mandando al espectador directamente a la acción. Y abundan los créditos finales que son comentarios o versiones de lo que ha sucedido en la película, como una especie de resumen de lo que se ha visto, más que una versión “de autor” de los temas de la película, como popularizaron en su día creadores como Kyle Cooper, y antes que él, Saul Bass.

Adiós, créditos, adiós. Pero como decimos, es en el tramo inicial de las series donde se percibe más este cambio. Por supuesto, sigue habiendo producciones que mantienen sus créditos (sobre todo si proceden de canales más o menos convencionales), pero otras producidas por la misma plataforma, como ‘Gambito de dama’, los relegan al final. El signo de los tiempos, del consumo sin pausa y de los maratones de series, pero es una pena que por el camino hayamos perdido uno de los signos de distinción que daban personalidad al cine y la televisión.


La noticia

Netflix nos ha ahorrado 195 horas de repetitivo visionado con un simple botón. A cambio, ha matado un arte

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Xataka

por
John Tones

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