Si te pasas por Skellefteå, una ciudad del noreste de Suecia, es probable que uno de sus edificios más recientes, el Sara Cultural Centre, te deje de piedra. Aunque dadas las circunstancias esa quizás no sea una expresión muy adecuada. No te sorprenderá por sus 20 plantas y 75 metros de alto, que no estando nada mal se quedan muy lejos de las dimensiones de otros rascacielos. Tampoco por su diseño, elegante y estilizado, sí; pero ni mucho menos despampanante. No. Lo fascinante del Sara Cultural Centre está en su piel y entrañas: es una torre construida con madera.

Y no es la única.

El bloque de Skellefteå, de 30.000 metros cuadrados (m2) y que acoge también el Wood Hotel, un centro de conferencias, museo y galería de arte, está en sintonía con una tendencia que gana fuerza desde hace años en la arquitectura: la apuesta por la madera como material para levantar grandes torres. En concreto, por la mass-timber —o madera en masa— y su variante contralaminada (CLT), que básicamente consiste en la unión de varias capas de madera maciza de una forma que se diferencia de otras opciones, como el glulam o la madera laminada con clavos (NLT).

Construir con visión ecológica

Troncos y tablones siempre han estado ahí, cierto; pero especialmente a partir del siglo XIX fueron perdiendo terreno en la construcción de grandes edificaciones a favor del acero y el hormigón, que se han considerado más resistentes. Los tableros de madera pegados y prensados empiezan a ganar terreno, sin embargo. También en la edificación de rascacielos y grandes estructuras.

Los datos que maneja The Wall Street Journal lo muestra con claridad: entre julio de 2020 y diciembre de 2021, el número de edificios de varias plantas construidos en EEUU con mass-timber se disparó un 50% hasta superar las 1.300 estructuras. Uno de los proyectos es un bloque comercial y residencial de 25 plantas y 86,5 metros que está levantándose ya en Milwaukee. Aunque superará los 18 pisos que el Código Internacional de Construcción fija como tope para las construcciones de madera, sus promotores, detalla el medio neoyorquino, han logrado el OK de las autoridades.

Al carro de los edificios de madera se ha subido también Google, que espera abrir este mismo verano uno de cinco plantas en California, y empresas relevantes del sector. En 2018 la compañía japonesa Sumitomo Forestry anunció sus planes de levantar en Tokio el W350, un enorme edificio de 70 pisos y 350 metros de altura en el que la madera representará cerca del 90% de la estructura híbrida, lo que en la práctica supone aproximadamente 185.000 metros cúbicos de material.

Detalle de The Wood Hotel, en Skellefteå.

En 2016 investigadores de la Universidad de Cambridge, PLP Architecture y Smith & Wallwork presentaron al entonces alcalde de Londres, Borish Johnson, su propuesta para levantar Oakwood Tower, una torre de madera de 80 pisos que alcanzaría los 300 metros de altura, lo que lo convertiría en uno de los rascacielos más altos de la City, coronada por los cerca de 310 de The Shard. España tampoco se escapa a esa tendencia: hace un año, en marzo de 2021, la cooperativa Sostre Cívic inauguraba un bloque de madera de ocho plantas y 35 viviendas situado en Barcelona.

Uno de los proyectos de mayor calado en Europa es WoHo, un rascacielos de 29 plantas que alcanzará los 98 metros de altura y se levantará en Kreuzberg, en Berlín, con una inversión de 90 millones de euros. Para darle forma sus responsables emplearán hormigón en el núcleo y sótano, pero la estructura se construirá principalmente con madera contralaminada. Otra de las referencias es Mjøstårnet, un bloque de 18 pisos y 85,4 metros que se finalizó hace tres años en Noruega; o HAUT, una edificación de 73 metros y 55 apartamentos situada en los Países Bajos.

Más allá de las calles o los estudios de arquitectura e ingeniería, la nueva tendencia se deja sentir también en la propia industria. Desde 2014 —detalla The Wall Street Journal— en Estados Unidos y Canadá se han construido 18 plantas de fabricación y las previsiones dibujan un alza considerable de demanda: a lo largo de los próximos años, entre 2021 y 2028, Grand View Research calcula que el mercado mundial de la mass timber crecerá a una tasa anual de aproximadamente el 13,6%.

La gran pregunta es: además de por su curiosidad, por su efecto estético o para contentar a los incondicionales de los tablones, ¿por qué construimos rascacielos con madera cuando llevamos años haciéndolo con hormigón y acero? ¿Por qué cambiar si nos ha ido bien hasta ahora? Sus defensores recalcan que presenta ventajas importantes. La principal, quizás, su impacto en el medio.

Infografía que muestra el edificio WoHo, en Alemania.

Algunos estudios —recoge The Wall Street Journal— concluyen que la huella de carbono de un inmueble construido con madera en masa recogida de forma sostenible y selectiva puede quedarse en la mitad que la de otro levantado con hormigón y acero. En esa misma línea Think Wood asegura que reemplazar el acero por mass timber reduce las emisiones de dióxido de carbono entre un 15 y 20%. “Según algunas estimaciones, el uso a corto plazo de CLT y otras tecnologías emergentes de la madera en edificios de siete a 15 pisos podría tener el mismo efecto de control de emisiones que retirar más de dos millones de coches de la carretera durante un año”, argumenta.

Calcular cuántas emisiones de carbono genera la madera en masa a lo largo de todo su ciclo, incluyendo la tala, la liberación de CO2 del suelo, la maquinaria y el transporte, además del carbono incrustado en la propia madera, no resulta una tarea fácil. El arquitecto Michael Green asegura que un solo metro cúbico de madera CLT “secuestra” una cantidad importante de CO2. En cuanto a la elaboración del cemento, hormigón, acero y hierro, se estima que los dos primeros emiten el 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y los dos restantes cerca del 5%.

Infografía del Oakwood Timber Tower planteado para Londres.

Los fabricantes señalan también las ventajas de la madera en masa como material. Think Wood apunta en concreto tres: su resistencia, fuerza y ligereza y el ahorro de tiempos y costes. Según los estudios que maneja, los edificios de mass timber son considerablemente más ligeros —habla de la quinta parte— que los de hormigón, lo que les permitiría responder bien a los seísmos. Las pruebas de resistencia al fuego muestran también que una pared de CLT con paneles de cinco capas aguanta más de tres horas sometida a temperaturas de más de 1.800º Fahrenheit, unos 982ºC.

La tercera ventaja que señala Think Wood es clave también: el ahorro de costes y tiempos. A diferencia de otros materiales la madera en masa llega preparada de fábrica, donde usan máquinas de precisión que ayuda a evitar descartes y desperdicios. El equipo del Sara Cultural Centre calcula por ejemplo que al fabricar los paneles y vigas en una fábrica cercana ahorraron un año en costes de construcción y mano de obra. “Los edificios de madera maciza se construyen aproximadamente un 25 % más rápidos que los de hormigón”, asegura Think Wood. La revista Vox va más allá y apunta también que las características de las piezas prefabricadas requiere menos mano de obra.

Imagen del Mjøstårnet, en Noruega, durante su construcción, en 2019.

En la “hoja de presentación” de la madera en masa no todo son puntos fuertes. La principal preocupación que genera un aumento de demanda es que pueda derivar en exactamente todo lo contrario que buscan quienes defienden sus ventajas para el medio ambiente: una explotación de los bosques menos protegidos sin criterios selectivos. “Existen límites objetivos a la cantidad de madera que podemos producir y consumir. Debemos tener en cuenta las limitaciones en las que debemos operar”, señalaba Jason Grant, de World Wildlife Foundation a The Wall Street Journal.

Hay quien cree también que quizás estemos sobreestimando las ventajas de la madera para el medioambiente y que a la hora de calcular su huella de carbono deberíamos tener en cuenta factores como los combustibles fósiles que se usan durante el transporte, la tala y la fabricación de las piezas o la quema de raíces, ramas y otras partes de los troncos. Otro hándicap es la relativa novedad de la mass timber, que quizás nos priva de la experiencia que sí tenemos con el acero o el hormigón.

Lo que demuestran torres como la de Skellefteå, Milwaukee y Brumunddal o las planteadas para Tokio, Londres o Berlín es, en cualquier caso, que la madera, uno de los materiales más antiguos de la construcción, está empujando con fuerza para ganar espacio en la arquitectura del XXI.

Imágenes | Booking, UTB, PLP Architecture y Moelven


La noticia

Tenemos un nuevo aliado para levantar rascacielos que compite ya con el acero y el hormigón: la madera

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Carlos Prego

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