La de 2020 será la década de los planetas extrasolares, los a menudo conocidos como exoplanetas. Y lo será, además, con nombres propios. Desde que se descubrieron hace más de un cuarto de siglo, a mediados de los 90, su listado ha ido engordando hasta superar a día de hoy la sorprendente marca de 5.000. Son muchos, sí; pero más allá de “cazarlos”, añadirlos al listado y aportar alguna pincelada es mucho también lo que desconocemos sobre cómo son en realidad.


De vez en cuando nos sorprenden por sus peculiaridades, dignas de mundos apocalípticos, como el WASP-76b, tan cálido que su hierro se evapora y cae por la noche como una lluvia de metal fundido; o GJ 367b, poco más grande que Marte en tamaño y más denso que la Tierra; pero los investigadores siguen preguntándose por composiciones o cómo funcionan sus atmósferas.

Objetivo: comprender mejor los exoplanetas

Uno de esos nombres propios llamados a arrojar luz y hacer historia es James Webb, el mil millonario telescopio espacial —su desorbitado presupuesto ronda los 10.000 millones de dólares— que busca adentrarse en las interioridades de los planetas ajenos al sistema solar. Un objetivo similar, si bien con menos fondos, se marcó la misión CHEOPS, de la ESA, lanzada hace dos años con un propósito bien definido: caracterizar los exoplanetas que orbitan alrededor de estrellas vecinas y tienen un rango de tamaños que se mueve entre el de la Tierra y Neptuno.

Si todo va según lo previsto y se cumple el calendario anunciado, en cuestión de un par de años la ESA sumará una nueva pieza a su despliegue para conocer los exoplanetas. En 2029 la agencia europea quiere lanzar la Atmospheric Remote-sensing Infrared Exoplanet Large-survey, más conocido por sus siglas, ARIEL, la cuarta misión de clase media del programa Cosmic Vision. En sintonía con CHEOPS o Webb, su propósito será estudiar la composición de exoplanetas, cómo se formaron y cómo evolucionan. El tiro lo centrará en una muestra diversa de un millar de este tipo de cuerpos a través del estudio en longitudes de onda visibles e infrarrojas.

Un proyecto millonario con la firma de Airbus

“Es la primera misión dedicada a medir la composición química y las estructuras térmicas de los exoplanetas, vinculándolos con el entorno de la estrella anfitriona. Llenará un vacío significativo en nuestro conocimiento de cómo la química del planeta está relacionada con el entorno en el que se formó o cómo el tipo de estrella anfitriona impulsa la física y química de la evolución del planeta”, detalla la ESA en un comunicado en el que comparte una noticia que muestra los avances en el proyecto: la firma, hace solo unos días, de un contrato para que Airbus lidere el consorcio empresarial que dará forma a Ariel. El presupuesto: 200 millones de euros.

“Las observaciones de estos mundos permitirán conocer las primeras etapas de la formación planetaria y atmosférica, así como su posterior evolución, contribuyendo a su vez a la comprensión de nuestro propio sistema solar. Podrían ayudarnos a averiguar si hay vida en otros lugares de nuestro universo y si existe otro planeta como la Tierra. La misión se centrará en los planetas cálidos y calientes, desde las supertierras hasta los gigantes gaseosos que orbitan cerca de sus estrellas madre, aprovechando sus atmósferas bien mezcladas para descifrar su composición en general”, abunda Airbus, que ya ejerció como contratista principal de la misión CHEOPS.

Aunque si algo nos ha enseñado el telescopio James Webb antes incluso de su puesta en servicio es que los calendarios —sobre todo cuando de grandes, complejas y carísimas misiones se trata— son solo orientativos, la ESA maneja ya fechas concretas para Ariel. Según precisa Airbus en su nota, la idea es que despegue en 2029 en el Ariane 6, junto con la misión Comet Interceptor.

“Será inyectado en una trayectoria de transferencia directa al segundo punto de Lagrange (L2). Gracias a su diseño término y mecánico, muy estable, la nave podrá realizar observaciones a largo plazo del mismo sistema planeta/estrella durante una duración de entre 10 horas y hasta tres días”, señala. La misión durará cuatro años, aunque podría alargarse al menos otros dos.

El módulo de carga lo aporta Ariel Mission Consortium, integrado por más de medio centenar de instituciones de 17 países europeos. También contribuye la NASA.

Ariel no es en cualquier caso el único proyecto que tiene entre manos la ESA en lo que al estudio de planetas extrasolares se refiere. Como recuerda la propia agencia, un par de años antes, en 2026, debería lanzarse Plato. En 2018, al anunciar el inicio de su construcción, la agencia explicaba que su misión será “buscar y estudiar planetas más allá” del sistema solar.

Imágenes | Airbus y ESA


La noticia

La ESA redobla su apuesta por el estudio de los exoplanetas: 200 millones de euros para conocerlo todo sobre ellos

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Carlos Prego

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