En España acabábamos de decir adiós al estado de alarma y al periodo de confinamiento por la COVID-19. El 22 de junio de 2020 Apple ofrecía la charla inaugural de su WWDC, y Tim Cook hablaba de un “día verdaderamente histórico”.

Se presentaba en sociedad el “silicio de Apple” (Apple Silicon), que daba sus primeros pasos con el SoC Apple M1 que llegaría finalmente en noviembre al MacBook Air, al Mac mini y al MacBook Pro de 13 pulgadas. Era solo el principio, y como hemos visto un año más tarde, esa particular revolución planteada por esos chips solo acaba de empezar.

Mucho ruido y muchas nueces

Durante esos primeros meses hubo enormes expectativas sobre unos chips que querían dejar atrás a las propuestas tradicionales de Intel. Lo lograron en muchos apartados, y de hecho los primeros Mac basados en los Apple M1 demostraron —tanto en nuestros análisis como los de medios reputados como AnandTech— que eran superiores a anteriores Mac basados en procesadores teóricamente más ambiciosos.

Había estupendas noticias en muchos ámbitos, pero destacaba la eficiencia de estos equipos, que demostraban claramente que la arquitectura ARM tenía sentido no solo en móviles, sino también en PCs de sobremesa y portátiles.

Esos primeros equipos eran solo el principio, y ni siquiera hubo rediseños exteriores. Estos llegaron con los nuevos iMac, también basados en los M1. Los últimos en renovarse han sido los nuevos MacBook Pro de 14 y 16 pulgadas, pero en estos Apple ha dado una vuelta de tuerca importante no solo a su diseño, sino también a los chips que los gobiernan.

Es en esos portátiles en los que debutaban los M1 Pro y M1 Max, y con ellos quedaba claro que en Apple tienen una gran ventaja en la escalabilidad de estos chips: esos SoC eran versiones supervitaminadas del M1, y su potencia y prestaciones han dejado claro que lo impresionante es justo lo que no se ve, y no solo lo decíamos nosotros: en AnandTech hablaban de cómo estos SoC alcanzaban “nuevas cotas de eficiencia y rendimiento”, y aunque casi todos nos quejábamos del elevado precio de esas máquinas, si alguien necesita potencia y eficiencia, sin duda estos equipos responderán a esas necesidades.

Estos últimos chips y esos equipos son un paso acertado de Apple en un camino que deja atrás por fin los graves errores del pasado en decisiones de diseño —teclados de mariposa, ausencia de puertos— pero que sobre todo permite que Apple recupere el control de sus máquinas: ya no tienen que esperar a que Intel ofrezca los procesadores adecuados para sus equipos, y son ellos quienes pueden planificar esa hoja de ruta sin depender prácticamente de nadie.

Eso hace pensar que quedan aún grandes cosas por llegar: se habla ya de los futuros MacBook Air o Mac mini, pero también de un Mac Pro que podría integrar SoCs con dos e incluso cuatro veces más nucleos de proceso y gráficos que los que esta empresa ofrece con el M1 Max.

La revolución ARM en PCs y portátiles solo se la cree Apple (de momento)

Lo curioso, al menos en mi opinión, es que el resto de fabricantes no han cambiado sus hojas de ruta al ver cómo ha funcionado la estrategia de Apple. Es cierto que Intel ha planteado una apuesta llamativa con sus Alder Lake, pero el trasfondo sigue siendo el mismo y ni ella ni AMD parecen dispuestas a cambiar de apuesta y seguirán centrándose totalmente en la arquitectura x86-64.

No parece probable que vayamos a ver algo similar en el mundo Windows, de hecho. No será porque no haya quien lo intente: Qualcomm acaba de presentar sus chips Snapdragon 8cx Gen 3, pero el interés y las expectativas están en Nuvia —que se hará esperar—y en fabricantes como MediaTek o incluso Samsung, que parecen tener claro que la arquitectura ARM puede llegar a PCs de escritorio y portátiles.

Hay también propuestas prometedoras como las que plantea la arquitectura Open Source RISC-V, pero las soluciones que han aparecido hasta la fecha están muy lejos de lo que ha logrado Apple y son solo el principio de un largo camino. Los chips ARM que encontramos en equipos con Windows para ARM también están lejos, la verdad.

Aquí hay muchos obstáculos importantes: a Microsoft le va estupendamente con Windows para sistemas x86-64 y no parece tener necesidad de hacer ningún cambio, y lo mismo ocurre con Intel o AMD, que aun teniendo que consumir más para lograr los mismos rendimientos que los SoC de Apple son propuestas que siguen siendo destacables para muchísimos usuarios.

Que la industria se mueva hacia un hipotético futuro con Windows para ARM parece por tanto difícil a corto plazo, pero si los SoC de Apple siguen demostrando su poderío y logran convencer a más y más usuarios de hacer el cambio, puede que el panorama cambie. Hasta que lo haga, si es que lo hace, lo que está claro es que el cambio de rumbo que Apple tomó con sus chips M1 ha sido todo un acierto un año después.


La noticia

Un año después de que Apple presentara su propio procesador M1 la revolución ARM se consolida, pero lo mejor está aún por venir

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Xataka

por
Javier Pastor

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